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¿Porqué exaltar a la muerte si nuestro Dios es de Vida Eterna?

Actualizado: 29 de oct de 2019

Fiestas paganas, la trampa más influenciable del enemigo.

Si bien el culto al Día de Muertos es un legado ancestral, que puede verse en las distintas culturas prehispánicas que habitaron el territorio mexicano, y sus orígenes son anteriores a la llegada de los españoles; estas tradiciones con raíces de idolatría y veneración a la muerte, se han mezclado fuertemente con la influencia del "Halloween", fiesta que se celebra en muchos países, especialmente en los Estados Unidos de América y el Reino Unido que también proviene de una celebración pagana, impregnada de brujería y satanismo, las cuales funcionan como una verdadera trampa del mal para las personas.


Muchos cristianos y creyentes a pesar de que reconocemos que la muerte no es la última etapa en de la vida, sino que es solo el paso hacia la Vida Verdadera, nos hemos dejado llevar por esta "aparentemente" inofensiva tradición, en donde se le da más valor a la muerte, que Al que fue capaz de vencerla resucitando al tercer día.


Analicemos una cosa, nuestro Dios, es un Dios de Vida, no de muerte, quien nos ha dejado la promesa de Vida eterna a quienes creemos en Él, pero que también advierte mediante su palabra, al que se deja llevar por el oscurantismo, la magia y la hechicería:

"Cuando entres en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no aprenderás a hacer las cosas abominables de esas naciones. No sea hallado en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni hechicería, o sea agorero, o hechicero, o encantador, o médium, o espiritista, ni quien consulte a los muertos. Porque cualquiera que hace estas cosas es abominable al SEÑOR; y por causa de estas abominaciones el SEÑOR tu Dios expulsará a esas naciones de delante de ti. (Deuteronomio 18:9-12)


Al desconocer la palabra de Dios somos presa fácil para el enemigo, nos dejamos guiar por costumbres y tradiciones que no agradan a Dios. Cuando nos hacemos participes e incluso hacemos participes a nuestros hijos de esto pensando que no tiene consecuencias graves, vamos formando parte voluntariamente de una guerra espiritual que va más allá de este mundo.


Si examinamos la ley básica de la Ciencia de la Espiritualidad que establece que “La palabra, el tacto, la forma, el gusto, el olfato y su energía coexisten”. Esto significa que donde está presente la palabra “Dios”, su energía divina también está presente. Es por ello que nos sentimos mejor luego de hacer la alabanza y adoración en el Nombre de Dios  o cuando Le hacemos una oración.


Similarmente, donde existe el nombre y la forma de fantasmas (demonios, diablos, energías negativas, etc.) como en Halloween, su energía negativa también está presente. Como la forma y el color de las decoraciones y disfraces utilizados en Halloween, actúan como antenas (conductos de frecuencias similares) para atraer mucha energía negativa.


En efecto, la investigación espiritual ha revelado que la fiesta de Halloween fue creada por energías negativas con el objetivo de generar y dispersarla sobre la sociedad, es la manera de llevar extender una de las plagas más fuertes de satanás, la cual utiliza para su idolatría e influir en la mente de las personas disfrazando la diversión, fiesta, libertinaje y perversión como una tradición más, generando problemas adversos.


Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5:19-21)


Así que mis queridas Wia´s cuidémonos de pensar que es algo cultural, que hay que hacer ofrendas para los muertos, que hay que dejar velas para que las almas encuentren el camino, de pensar que la muerte tiene más poder que la Vida, de alimentar tradiciones que invalidan la palabra del Dios Vivo, y sobre todo ten especial cuidado con lo que le transmites a tus hijos y a tu familia.


Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)


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